Aclaro que a Andrés Calamaro lo he ido a ver en vivo a sus recitales y que tengo algún que otro disco. Fue y es una especie de obligación hacerlo, porque está englobado dentro de este género. No me desagrada solista: rescato Alta Suciedad y Honestidad Brutal. Sin embargo, el conflicto nace cuando se lo recuerda por haber sido un Abuelo.
Ser Abuelo es una palabra mayor. Abuelo hubo uno solo y fue Miguel. Es Miguel.
Y mi rol en este post es analizarlo dentro de lo denominado Rock del país. Ese país es hoy Argentina.
De este lado del charco, parece que no puede hablarse de otro cantante que no sea Andrés Calamaro. Todo gira entorno a él: toca con todos, canta todo, es feliz con todo.
Desde su regreso a los escenarios, en febrero de 2005, todo cambió en su mundo interno pop: consiguió la total aceptación del público, conoció a su nuevo amor, cantó lo que quiso, tocó con quien quiso. Ahora es el artista más querido, el que a más gente le gusta. Sin embargo, esto no cambió hace un año...
El pico máximo de popularidad en Argentina comenzó en 1982, cuando Miguel Abuelo, que no lo soportaba (pero tampoco podía negar su talento con el teclado) decidió convocarlo para la tercer formación de Los Abuelos de la Nada, tras su paso fugaz por la prestigiosa Raíces.
Hasta 1986 fue el encargado de llevar a la banda al reconocimiento (componiendo y sacándole el puesto de cantante a Miguel) con los hits "Mil horas" y "Sin gamulán".
Luego, se dedicó a su carrera solista y participó en diferentes proyectos ajenos sin llegar nuevamente al reconocimiento.
El nuevo turno fue en 1991, cuando formó Los Rodríguez, famosos por sus "Sin documentos", "Para no olvidar" y "No se puede vivir del amor". Esta agrupación, mitad ibérica, mitad argentina, se convirtió en un máximo referente dentro de la cultura rock y pop (especialmente en España) y fue, hasta 1996, el hit de muchos veranos.
Luego de la muerte de uno de sus integrantes (de Sida, al igual que Abuelo), la banda se disolvió y cada uno volvió a su carrera solista.
Un año después se inventó un look de rockero malo, y despotricó contra todo en "Alta suciedad", y dos años después en su desgarrador "Honestidad Brutal". En ambos álbums había más de 10 canciones hiteras.
Cuando creyó que tenía el mundo en sus manos (o sea, la prensa y el público lo aceptaban totalmente, sin la necesidad de hacer revisionismo por sus comienzos en la canción) llegó el turno de El Salmón. Su corte de difusión parecía haberle ganado a todas las críticas. Pero "la canción" formaba parte de una placa quíntuple, editada en el 2000. Y calculando a $20 cada disco, era lógico un fracaso comercial. Por las dudas, sacó el disco con la canción por separado también.
Este fue el abandono máximo: sus fieles rockers seguidores le dieron la espalda, su mujer lo deja definitivamente (y Charly García está involucrado en eso) y la prensa (especialmente el matutino de la C) se cansó de criticarle la voz, las nuevas versiones de clásicos nacionales (entre ellos el tango y el folklore), su adicción a las drogas, al alcohol, y su mal aspecto. Todo ese cúmulo dio orígen a su huída a España y posterior sedentarismo.
Poco se supo de él a lo largo de los años: hacía llegar sus canciones inéditas mediante su web personal.
Cuatro años pasaron hasta volver a componer un disco, que en verdad, eran sólo covers y tres temas que ya había publicado.
Al principio, pasó desapercibido. Pero cuando El Cantante sonó en las radios y rotó en la televisión, todos quisieron perdonarlo, yendo con la corriente de un movimiento -organizado por las grandes discográficas- que quiso revivir el rock pionero, y reeditar todos esos discos en donde figuraba el nombre Calamaro.
Todos los medios quisieron entrevistarlo: su distancia con las drogas fue un rumor cierto. Sin embargo, se hizo esperar.
En una noche de febrero, Cosquín fue su escenario: casi sin voz y acompañado por la Bersuit Vergarabat, Andrés deleitó a un público exigente de rock, conformista con el pop.
La triología de recitales previstos para abril, hicieron que el Luna Park agote sus entradas. Y su simpático estado legal absuelto por la causa porrito hizo que todas las miradas vuelvan a recaer sobre él.
Aún más: un noviazgo mediático que causa ternura y un disco grabado en vivo, lo declararon el "amable" del mundo rock. Sólo 6 años habían pasado de su olvido. Un par de Obras llenos, con 25.000 personas, terminó de reafirmarlo.
Ahora todos hablan de él: desde Litto Nebbia, su actual productor, hasta Cacho Castaña, quien le compuso algunas letras.
Ahora nada le critican: adulan desde su disco de tangos desafinados, hasta esas espesas canciones (en donde no falta ese corte comercial que endulza a las discos) que contiene el re-editado Salmón box set.
Hasta un disco doble lo homenajea!
Qué diría Miguel Abuelo, quien tuvo que someterse a su soberbia, y murió sin pena ni gloria? Podrán los músicos y medios que lo rodean seguir manteniéndolo en ese pedestal? O peor aún: podrá él -que sobrio no puede componer ni media canción, confeso- seguir dejándose llevar por esta corriente de multimedios que hoy te adula y mañana te mata, sin cargos de conciencia?
Calamaro me resulta en Abuelos lo que Pettinato en Sumo. La ambigüedad es algo que no tolero.
Ahora sí, de Andrés a Miguel: "...si alguna vez se molestó, fue culpa mía. Yo tenía poco más de veinte, y a esas edades cualquiera comete el error de creerse bueno en algo. Miguel era un muchacho con códigos, cosa rara en la música y en el rock. Nadie sabe ni lo que eso significa. Acá te aplauden si sos un alcahuete o un maleducado. Te perdiste, Miguel, estos tiempos violentos y traidores, donde se respeta más bien poco..."
Y culmino este posteo con algo que Miguel nos dejó a todos: "Yo sigo fiel a mis pasos, que van tras mi necesidad. Puede que al girar mi cabeza cuatro veces ya no te encuentre. Pues, quede este momento como constancia de que por vos estuve buscando".
Muerte al olvido. Sí a la conciencia. Porque la suerte de un músico también es una cuestión de todos.
(No quiero creer que esto ya no es rock y sí pura suerte).
